ARTÍCULO DE FONDO DE JUAN T H

EL OTRO TERREMOTO
JUAN T H
Los efectos del terremoto José Figuereo Agosto aun están latentes en la sociedad dominicana aunque muchos crean que no, que ya todo pasó, que no habrá ni siquiera réplicas. No se dan cuenta que los escombros morales están por todas partes, señalando a los involucrados que aun no salen a la luz pública. Los videos “lascivos y concupiscentes” muestran figuras de altos quilates del poder político que nadie ha querido decir sus nombres por temor. Una estampida se produce cada vez que algún osado de la redacción de un periódico, una emisora o un canal de televisión, menciona a esos señores de tan alto nivel. Un terremoto. Hay que salir corriendo no sea que un edificio se derrumbe y termine aplastando a los presentes. En el programa El Gobierno de la Tarde de la Z-10 alguien gritó: ¡Llévatelo Cundo!
El terremoto de Haití fue tan grande que pareció borrar el terremoto moral de la República Dominicana con Figuereo Agosto, Sobeida, González-González, etc. Con razón en los medios de comunicación desapareció el tema angustiante para algunos de Agosto.
(Qué suerte tiene el presidente Leonel Fernández. Cada vez que se le presenta una crisis de gran envergadura algo sucede que lo salva. Cuando no es un Diálogo Nacional de las Fuerzas Vivas, es una cumbre internacional con sede en Santo Domingo; un acuerdo secreto con Miguel Vargas, jefe del mayor partido de oposición, que lo catapulta. O sucede, como en efecto, un terremoto que mata a cientos de miles hermanos haitianos, que lo convierte en la figura del momento. Y su imagen florece nuevamente).
Los terremotos que producen los escándalos de corrupción y narcotráfico son cada vez más frecuentes y de mayor envergadura. Me temo que un día de estos el país colapsará por completo, que no quedará piedra sobre piedra, que todo se desplomará ante nuestros ojos.
No olvido el terremoto Quirino. Dejó cientos de damnificados que aun no han sido atendidos por la justicia norteamericana. La tierra tembló cuando aparecieron siete cadáveres en Paya. Los verdaderos culpables, los grandes, gozan de libertad absoluta. No olvido el terremoto de los hermanos Benítez, ni otros sismos de corrupción en las instituciones gubernamentales. En casi todas las secretarias de Estado se sienten los temblores. Se sacuden constantemente las instituciones, se agrietan, se desploman.
Me temo que la mayoría de los casos de corrupción y narcotráfico donde participa gente del poder político, no se resolverán en la presente administración. No hay voluntad política, lo que hay es complicidad y protección. Una complicidad que abarca a muchos sectores, incluso de la oposición. Habrá que esperar mucho para que las cosas cambien. No se vislumbra en lo inmediato un cambio radical en el poder. El grupo que domina el Palacio Nacional controla, gracias precisamente a la “oposición”, todos los poderes del Estado.
Esperemos que soplen otros vientos, si es que soplan, que venga otro gobierno, si es que viene, más honesto, más decente, que esté dispuesto a poner las cosas en su lugar, dispuesto a evitar los terremotos que producen la corrupción y el narcotráfico, y que están hundiendo el país.
El terremoto de Haití no se podía evitar.
El otro terremoto, el terremoto moral que aniquila la sociedad dominicana, ese si se puede evitar. Pero precisa del concurso de todos los que deseamos lo mejor para nosotros y para nuestros hijos, como diría Juan Pablo Duarte.